Retrouvaille  

ESPAÑA

UN PROGRAMA DE AYUDA PARA MATRIMONIOS EN CONFLICTO

 
  
 
 
 
 

 
 
RETROUVAILLE

 

Testimonios

1.-

Testimonio de Letizia y Massimo, obtenido de https://llamadasalalibertadporlaobediencia.wordpress.com/2017/03/02/entendieron-que-amar-y-perdonar-no-son-sentimientos-son-decisiones/

Letizia Quattrini y Massimo Marinangeli son abuelos felices. Y están casados. Esto no es un hecho secundario en su vida porque su matrimonio naufragó y volvió a nacer después de un largo recorrido de reconciliación que les ha llevado a ser, por fin, una pareja. Antes, en cambio, después de casarse eran sólo dos individuos con sus egoísmos y dificultades.
El único que creyó que eran una sola carne en esos años de despedidas y de retornos fue Dios, que se mantuvo fiel a la promesa. Así, mientras ellos se perdían y atravesaban, como muchos, el calvario del divorcio, el único que sostenía ese sacramento era Él, a quien han encontrado de nuevo a su lado cuando se han mirado a los ojos para volver a empezar.
La historia de Letizia y Massimo, de Ancona (Marcas, Italia) es la historia de un renacimiento o, mejor, de un reencontrarse, traducción del francés retrouvaille. Y Retrouvaille es el nombre de la asociación que, discretamente y sin clamor, se ocupa de reducir las heridas de las parejas que se separan.
No con el objetivo de encontrar un sentido a un adiós para estar mejor consigo mismo, sino con el único fin de volver a estar juntos. Porque, como dice el lema de la asociación, Separarse no es la solución. La experiencia de Retrouvaille en Italia no es aún muy conocida; sin embargo, está presente desde 2001 [pincha aquí para contactar con Retrouvaille en España], pero merece difundir a los cuatro vientos su existencia y no sólo por los altísimos porcentajes de éxito, alrededor del 70% de los casos. Hay que darla a conocer porque a fuerza de considerar el divorcio como una de las muchas soluciones, a veces la única, se acaba hiriendo a toda la sociedad. Y las advertencias sobre el descenso demográfico y la crisis de las relaciones familiares lo demuestran a diario.
Pero dado que Retrouvaille es también un camino de fe, es inevitable que en el recorrido uno se tropiece con Quien ha bendecido esa unión a la que ha permanecido fiel también durante la tempestad. Entrevistando a Letizia hemos ido descubriendo que el recorrido del reencontrarse ha tenido como protagonista precisamente a uno de los tres hijos de la pareja, porque ellos, los hijos, son el punto más débil del proceso de separación. Son el eslabón que nadie tiene nunca en cuenta. Y sobre el que nadie, ni películas, ni canciones, dirá nunca nada porque, por desgracia, el divorcio se ha convertido en un tabú a la inversa: ha entrado en la esfera de los derechos universales y ponerlo en discusión es una operación arriesgada. Pero el divorcio puede disolverse como nieve de marzo. Basta sólo con pedir ayuda.
-Letizia, ¿cuándo empezó vuestra historia?
-En 1982, con el matrimonio. Nadie nos había explicado nada. En 1983 nace nuestro primer hijo y en 1984 el segundo. Pero nuestra relación estaba en peligro: desde el primer momento tuvimos contrastes, las tensiones caracterizadas sobre todo por falta de comunicación o por una comunicación equivocada.
-¿Cuánto tuvo lugar la ruptura?
-Cuando mi marido empezó una relación con una compañera de trabajo. Años después entendí que había dejado de confiar en mí porque yo decidía todo sola, hacía todo sola y ese fue el primer error: el de pensar que tenía que hacerlo todo sola. Así el otro se siente excluido y entonces, cada uno busca su perfección personal.
-¿Qué hizo usted?
-Cuando descubrí la relación no tuve el valor de separarme y quise otro hijo. Nació Bárbara, pero todo degeneró rápidamente: no había intimidad, no había nada. Pedí la separación.
-¿Cómo fue ese periodo?
-Angustioso. Creemos que somos libres; en cambio, se tienen más cadenas que antes, somos esclavos de nuestras pasiones.
-¿Tuvo otras historias?
-Sí, pero no me importaban nada. Mi corazón estaba vacío. Hasta que…
-¿Hasta qué?
-Nuestro segundo hijo se trasladó, con veinte años, a Roma para la especialización universitaria. En la Sapienza [Universidad de Roma] conoció a una religiosa con un carisma muy particular: el de acercarse a los jóvenes para ayudarles a rezar. Él se abrió e inició un periodo de conversión.
-¿Todo empezó por el sufrimiento de uno de sus hijos?
-Sí. Conocí la experiencia de Retrouvaille, presente en Italia desde 2001. Nuestro hijo nos propuso participar en un fin de semana de conocimiento. Quería que hiciéramos ese camino.
-¿Y ustedes?
-Massimo aceptó enseguida, había sufrido el ser abandonado y nunca había cerrado la puerta definitivamente. Yo, en cambio, dije que sí sólo para que él se pusiera el alma en paz sobre el final de nuestra historia. Digamos que acepté para demostrar que no había nada que hacer.
-¿Y en cambio…?
-Ese fin de semana se me abrieron los ojos. Entendí muchas cosas sobre él que no había entendido nunca. Para nosotros fue fundamental comprender los déficits de comunicación que habíamos tenido en los primeros años de matrimonio. Me di cuenta de sus sentimientos, gracias también a los testimonios de las otras personas que veía que estaban en situaciones desesperadas, pero llenas de esperanza. La esperanza de la persona que da testimonio del recorrido que ha hecho te hace entender que es posible renacer en la esperanza. El problema del divorcio es, sobre todo, un problema de falta de esperanza.
-Pero el camino de Retrouvaille, ¿es sólo una técnica de escucha y comunicación?
-No, hay mucho más. Al mismo tiempo me había alejado de la fe, por lo que volví a descubrir esta Iglesia como una madre que te abre los brazos. También los sacerdotes te acogen contándote su historia, se empieza a razonar de otro modo, te entran en el corazón verdades a las que nunca antes habías prestado atención.
-Tras el primer encuentro, ¿qué pasó luego?
-Poco a poco proseguimos con los encuentros, que se convirtieron en regulares, destruyendo así tópicos como: “El amor, cuando se acaba, se acaba”. En cambio, lentamente, empezamos a entender que el amor es una decisión, que se construye. Empezamos a reconstruir una intimidad.
-¿Qué espacio ha tenido el perdón?
-Decisivo. En Retrouvaille se trabaja mucho sobre uno mismo, pero también sobre los propios orígenes, porque determinadas heridas nacen de la relación con los padres, con premisas equivocadas; se comprenden los errores y se siente la necesidad de pedir perdón y de perdonarse. Ambos teníamos heridas, pero el perdón también es una decisión, es necesario un camino de conciencia del mal causado y del mal sufrido.
-Hablemos de los hijos…
-Sufren, tal vez no lo dicen, pero sufren. Nadie les presta atención porque nuestra mirada está dirigida hacia el exterior, intentado encontrar a otra persona y llenar tu vacío, pero es una quimera. Durante el camino de Retrouvaille surgió también el sufrimiento de los hijos. Y también aquí fue necesaria una buena dosis de perdón. Cuando volvimos juntos renacimos.
-¿Cómo está organizado Retrouvaille?
-El primer fin de semana hay tres parejas-testimonio que presentan su historia; son parejas que, como nosotros, han participado en el programa. Con ellas hay siempre un sacerdote. Se empieza el viernes y se acaba el domingo por la tarde; es una inmersión total en la que, gracias a los testimonios, se examinan las verdades principales. Posteriormente empiezan unos encuentros de dos horas a la semana durante doce semanas. Es un recorrido largo y arduo durante el cual se analiza con las parejas y el sacerdote las verdades que emergieron en el primer encuentro. Una vez terminado el recorrido fue natural para nosotros ofrecer nuestra disponibilidad.
-¿Hay psicólogos o “expertos”?
-No. Retrouvaille se basa sobre el testimonio. Es lo que te enseña y te hace sentir cercana tu situación..
-Una experiencia así, de tipo católico… ¿por qué?
-Porque la Iglesia es capaz de hablar al corazón del hombre. Yo he vuelto a descubrir la Iglesia madre y me ha sorprendido que en el recorrido de reconciliación también el sacerdote haya pedido perdón por todas las veces que no ha sido capaz de ayudar a los esposos que sufren, o por haberlos preparado de manera inadecuada.
-Ahora su vida ha renacido después de seis años de separación. ¿Qué piensa del debate sobre el acceso a la comunión de los divorciados que se han vuelto a casar?

-No puedo sentenciar, puedo sólo contar mi experiencia.
-¿Cuál sería?
-Cuando estaba separada pensaba en la comunión como una reivindicación; en un cierto sentido pretendía acceder a ella. Después de la conversión me di cuenta de que, desde fuera, determinadas dinámicas se viven con la lógica de la reivindicación y la pretensión. Desde dentro se experimenta un verdadero sentido de unidad y se comprende que la actitud cristiana no es la pretensión. Me pregunto cuántos estarían dispuestos a hacer un camino serio… No lo sé, pero cuando estás dentro vives determinadas exigencias con otros ojos.
-¿Cuánto ha contado el contexto externo? Los amigos, los familiares…
-Es fundamental para apoyarte en las decisiones. Muchas personas nos decían: “Pero, ¿por qué lo hacéis? Vuestros hijos ya son mayores”. En cambio puedo decir con certeza que nuestro matrimonio nunca ha sido tan hermoso y tan pleno; hemos tenido los instrumentos para construir lo que antes era un simple vivir al día en el egoísmo.
-¿Qué sucede cuando dais vuestro testimonio?
-La gente se queda sorprendida, se conmueve, siente que hay una verdad que les toca en lo más hondo. Es verdaderamente cierto que el amor es una decisión, pero sostenida por el Cielo. Nosotros somos testigos de ello.

2.-

        Somos una pareja joven de Valencia. Yo tengo 33 años, y mi mujer 30. Tenemos un niño pequeño de 3 años. Después de 6 años de matrimonio y media vida juntos nuestra relación había entrado en una fase de estancamiento. Nuestra vida en común era rutinaria y aburrida. Cada uno tenía sus hobbies y actividades y nunca compartíamos ninguna de ellas. Éramos dos extraños bajo el mismo techo; no teníamos diálogo alguno acerca de nuestros sentimientos y eso fue lo peor que nos pudo pasar: no hablar las cosas. El caso es que yo acabé refugiándome en otra persona y acabé siendo infiel a mi mujer. A los pocos meses se lo confesé a ella. A partir de ese momento la situación se complicó mucho. Estuvimos separados un tiempo, casi un año, hubo idas y venidas hasta que nuestra relación llegó a un punto insostenible. Seguíamos sin encontrarnos el uno al otro, no veíamos la luz al final del túnel. Pero alguien nos habló de Retrouvaille y decidimos apostar por nosotros, agotar todas las posibilidades con tal de salvar nuestro matrimonio. Nos llegamos a decir a nosotros mismos que si fallaba este intento ya sería el fin definitivo, pero que no nos podríamos reprochar nada porque lo habríamos intentado todo.

        Y así fue como  vivimos el Fin de Semana de Retrouvaille y el posterior programa de seguimiento. Nos ha cambiado la vida. Hoy nos conocemos más que nunca. Hemos aprendido a expresar sentimientos profundos, a escuchar sin juzgar, a dialogar. A pasar tiempo juntos y divertirnos. Y nunca nos podremos arrepentir, al contrario, estamos orgullosos de haber tenido el suficiente valor y ganas de luchar por nuestra relación en unos momentos donde nuestro estado de ánimo nos incitaba a todo lo contrario. Ahora mismo estamos muy felices como pareja y desde aquí nuestro mensaje solo puede ser este: no se pierde nada por intentar salvar una relación y a través de nuestros amigos de Retrouvaille hay muchas posibilidades de éxito.

        Gracias a Vicente y a Concha y a todas las demás parejas que nos han ayudado.

        Gracias de corazón.

 

3.-


¿ Qué ha supuesto para mi? RETROUVAILLE
Soy Carmen, tengo 53 años y después de 28 años de matrimonio el año pasado, decidí marcharme de casa, pues la situación entre nosotros era insostenible por las continuas peleas.

Unos amigos mios, Segundo y Paqui, me habían hablado de los fines de semana de RETROUVAILLE y después de casi un año fuera de casa, mi marido y yo decidimos darnos una oportunidad.

Asistimos al fin de semana y ahí comenzó una nueva forma de ver la vida en pareja. Gracias a Concha y Vicente, a Rosa y Víctor, Encarnita y Anselmo, Amparo y Ramón, Isabel y Ricardo, y a Judas un sacerdote jesuita que nos han ayudado mucho, y nos siguen ayudando.

Con ellos hemos aprendido a enfrentarnos a los conflictos de pareja, de manera muy distinta. A ver la vida de otra forma, a confiar el uno en el otro, y nos han demostrado que el amor y el respeto lo pueden todo. Para mí, el  fin de semana ha supuesto un gran cambio en mí vida. No negaré que asistí con miedo, pero a la vez con una gran confianza en que todo iría bien.

Fue una experiencia maravillosa, mi marido y yo fuimos capaces de desnudar nuestros corazones como jamás lo habíamos hecho, lloramos, hablamos, y sobre todo nos escuchamos mutuamente. Nunca podremos agradecer, a estas parejas que ya he nombrado lo que han hecho y hacen por nosotros, son personas especiales, que ofrecen sus vivencias, y su tiempo ha cambio de nada, solo para ayudar a parejas que como nosotros tienen problemas.

Doy gracias  por haberme encontrado con personas tan maravillosas, y a RETROUVAILLE

 

4.-


Valencia, 29 de enero de 2012

Nuestro testimonio no es espectacular como el de otras parejas que nos han acompañado en este proceso, de sanación de matrimonios, pero nos alegraría si sirve a alguien.

Somos una pareja que llevamos 34 años juntos, 6 años de noviazgo y 27 de matrimonio. Tenemos 4 estupendos hijos. Nos parece que nuestro hogar es percibido y valorado muy positivamente por nuestros familiares y  amigos.

 Sin embargo desde hace unos 10 años, todo fue enfriándose, distanciándonos. No hacíamos cosas en común, nuestra vida de pareja era aburrida y monótona. Nos rehuíamos, aparecieron áreas tabúes de las que no podíamos hablar, porque suponía irritación y conflicto seguro. Desarrollamos hobbies independientes. Nuestra relación se convirtió en una cadena de cumplimientos fríos, calculados, minimizados, formales.

Aunque nos manteníamos por cierto voluntarismo, nos íbamos agotando y ambos pensábamos en la separación.

Afortunadamente dimos con Retrouvaille, concertamos una entrevista con Vicente y Concha, nos presentaron el programa y felizmente lo aceptamos.

Después de haber realizado el programa puedo asegurar que se trata de un poderoso medio para restaurar la relación de pareja, que está basado en la rica y variada  experiencia acumulada de otras parejas, en una sencilla y sabia metodología muy testada  y en la voluntad de ayudar, enseñar, apoyar y acompañar de un equipo de maravillosas personas,  que han decidido poner parte de vida, su experiencia y  tiempo al servicio de los demás.
 
Aunque el programa de Retrouvaille está abierto a parejas de cualquier credo, tengo que decir que está animado de un vivo espíritu cristiano, que da fundamento a cada paso del mismo y constituye una poderosa ayuda que nos  descubre la riqueza y  sentido transcendente del matrimonio.

Finalmente manifestar sincero agradecimiento a todo el equipo de personas amables, acogedoras y dispuestas, que gracias a su generosidad hacen posible que la ayuda de este programa esté al alcance de cualquier pareja que lo deseé.

Gracias a todos de corazón.

 

5.-

Somos una pareja de 39 y 40 años, tenemos dos niños de 4 y 6 años. Llevamos 10 años de casados. Nuestra relación empezó a tener muchos altos y bajos, a ir de capa caída. Me sentía viviendo con un compañero de piso con el cual solo podía tratar temas de logística. Organizando todas las actividades de los niños con las nuestras.

Somos una familia deportista por lo tanto cada uno en casa tiene sus actividad extra después del cole y del trabajo. Fuera de casa parecemos una familia normal, pero dentro de casa mi marido y yo chocamos un montón.

Las tareas de los niños las tenemos más o menos pactadas uno los ducha y otro hace la cena, deberes y a dormir. Fines de semana movidos, partido de futbol, salida con los amigos, visitar a los abuelos y un sinfín de cosas con los demás. Tiempo para nosotros? escaso.

Nuestro matrimonio parece una competición. Quien puede más. Quien tiene la razón. Quien dice la última palabra. Quien se lleva mejor con los demás. Quien es mejor. Etc

Nuestro lema es: “Retroceder NUNCA rendirse JAMAS.

Por lo tanto esta forma de actuar ha llevado a nuestro matrimonio a la ruina, a la decadencia. No podemos comunicarnos. Cuando los temas a tratar son sobre nosotros dos, planes a futuro, sentimientos, es un caos. Entramos en un campo de batalla.

Realizamos el fin de semana de Retrouvaille y sus sesiones donde hemos conocido gente MARAVILLOSA que nos han ayudado un montón.

Aunque nuestros problemas no parecen nada del otro mundo, pues no hay terceras personas, ni adicciones. Lo único que hace falta es un cambio de ACTITUD. Aprender a escuchar, a dialogar, a leer los no verbales, entender las peticiones del otro.

No ha sido fácil pero con el apoyo y la ayuda de las parejas, hemos ido aprendiendo como coger el toro por los cuernos para que no nos lastimemos. No hay varita mágica, ni orden medica simplemente las ganas de encontrar ese amor perdido.

 

6.-

Jose Manuel y Maribel vivieron su Fin de Semana Retrouvaille en Noviembre de 2012.
El año siguiente Jose Manuel escribió un libro con el titulo “Milagros de andar por casa”, editado por Ed. Vita Brevis. Vio la luz en Octubre de 2013.

Con su permiso, reproducimos fielmente el contenido de las paginas 123 y 124.

La última noche Juan e Inés nos dijeron:

- Os queréis mucho. Os queremos. Hemos pensado que necesitáis ayuda. Nosotros más no podemos. Pero hay algo que hace tiempo conocimos, que nos pareció interesante, que quizás pueda ayudaros, se llama Retrouvaille, comenzó en Canadá, pero esta en todas partes, sí, el Papa Benedicto los recibió, son católicos.....

- Es un fin de semana. Tenéis que dejar a los niños. Sí, el pequeño también.... Sí, lo hemos preguntado, no te lo puedes llevar. Sí, ya sé que mama, pero tendrás que destetarlo, o lo que sea. Nosotros nos lo quedamos. Sí, a todos. Como sea, nos gustaría que fuerais.

Juan. Inés. Cuánto amor nos tenéis. Lo fácil, cuando un matrimonio sufre es mirar hacia otro lado, pero vosotros os jugasteis nuestro afecto para ayudarnos. Gracias

                                               .....................................

Destetarlo, dejarlo con biberones .......
Era mucho pedir. Jesús estaba muy bajo de peso. Además, no sabíamos de que iban los de retro-no-se-qué.
Maribel estaba sin fuerzas. Físicas ni psicológicas.
Yo estaba sin fuerzas, sin esperanzas.

- Bueno, primero hay que hacer una entrevista. No perdemos nada.

Maribel llamó por teléfono a una tal Concha. Quedamos

                                               ........................................

Llovía. El día se puso a juego con mi corazón. Llegaron Vicente y Concha. Hablamos. De todo. Nos despedimos sin haber decidido nada. Ya os llamaremos, dijimos. Dudas. Miedos
                                               .........................................

Al final llamamos, tres días antes de la fecha que nos dijeron, y nos fuimos al “fin de semana”.
Como en el pecado esta la penitencia, Juan e Inés se quedaron con ocho de nuestros hijos, incluido Jesús.
Y mientras, nosotros, en esos dos días, nos miramos a los ojos, recordamos nuestro amor primero, pudimos hablar y escucharnos.......

Fue algo estupendo. Valió la pena.

 

7.-

  
Somos un matrimonio con residencia en Valencia de 60 años yo y 55 mi mujer y con 25 años de convivencia. Nuestro matrimonio iba muy bien como el de la mayoría de la gente, con los altibajos normales y los roces habituales propios de una convivencia, hasta que nuestra relación se deterioró de manera irreversible. Adoptamos dos niños, un niño y una niña. Los dos deseábamos con mucha fuerza y amor a esos dos nuevos hijos a los que queremos mucho. Siempre comentábamos que lo mejor que habíamos hecho hasta ese momento fue la decisión de adoptar. Este hecho que fue deseado por los dos también originó un pequeño distanciamiento. No parábamos de discutir especialmente por la forma de educarlos. Nos fuimos distanciando y cada uno de nosotros empezó a desentenderse del otro, hasta que después de una Navidad hace 3 años decidimos divorciarnos. La adopción  no fue el motivo fundamental, también influyó la lógica evolución de dos personas que tienen diferentes visiones de la vida. El divorcio fue un verdadero trauma para todos: para nosotros y especialmente para nuestros hijos que los pobres no entendían nada.
Empezamos una vida separados cada uno en una casa en Valencia. Después de cierto tiempo, en nuestro caso unos 6 meses, decidimos empezar a vernos regularmente ya que teníamos dos hijos en común. Convenimos en que necesitábamos ayuda para intentar arreglar nuestra relación y de manera casi milagrosa encontré la página de Retrouvaille en Canadá. Vimos también páginas de Estados Unidos dónde se hablaba de la experiencia en Retrouvaille, así que decidimos comprobar si esto existía en España. Por fortuna acabé en la página en España y nos pusimos en contacto con los responsables en Valencia Vicente y Concha. Nos apuntamos a la reunión del fin de semana en mayo, aunque nadie daba nada por nosotros. El resto de las parejas empezaban desde una situación difícil de convivencia pero nosotros empezábamos por detrás desde una posición de divorcio.
Nuestra experiencia con Retrouvaille ha sido de lo más enriquecedora, iniciamos un camino de redescubrimiento mutuo y un acercamiento como no habíamos tenido nunca. Después de una serie de reuniones y a mitad del seguimiento decidimos volver a casarnos, cosa que hicimos un 18 de enero.
Retrouvaille nos ha ayudado mucho ya que ahora conocemos la metodología para abordar los problemas, que seguirán existiendo, y los roces propios de la convivencia. Ya no tenemos esas discusiones tan fuertes que antes teníamos y estamos más unidos que nunca
Tenemos mucho que agradecer a los orientadores y responsables: Vicente, Concha, Anselmo y Encarnita todo el trabajo que han hecho por nosotros y por otras parejas a cambio de nada. Os estaremos siempre agradecidos.